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Tierra Razón Cielo

Exposición de pintura de Miguel Ángel Espí, del 5 de abril al 5 de mayo. Palacio de los Serrano.

2018-04-19 02:09:44

Tras cerca de cincuenta años de producción, la obra de Miguel Espí muestra en su nueva exposición en la sala E. Martínez Vázquez del Palacio de los Serrano la inquietud intelectual y artística, y el sabio oficio de quien no se da por satisfecho. Siguiendo una línea coherente con lo que han sido estas cinco décadas de pintura y escultura a través del paisaje urbano, la geometría o la arquitectura, Espí presenta una selección de obra en que de nuevo consigue ser reconocible al tiempo que se reinventa. Esta perseguida capacidad que distingue a algunos solamente, se muestra aquí a través de una brillante síntesis de las que han sido sus referencias. No se trata de pintura abstracta, si bien en ella hay ecos del suprematismo; tampoco de figuración, aun cuando introduce –y esto es novedad en su obra- la impresión de fotografía digital. El resultado, quizás, está ligado directamente a ese punto intermedio entre la tierra y el cielo que puede ser la razón. Elementos dotados de una fuerte carga lírica como la tierra, el cielo o el mar se conjugan a través de estrictas composiciones con elementos geométricos fruto de horas de estudio y de un concienzudo proyecto.  

 En Tierra Razón Cielo, Espí se sirve de nuevo de su capacidad de dibujante preciso cual cirujano, aquí para trazar las líneas de figuras y espacios, pero también para representar elementos naturales con el detalle de un primitivo flamenco. Aplica el color –acrílico generalmente- las más de las veces plano cuando se trata de figuras geométricas, aunque al tiempo es capaz de construir superficies tridimensionales verdaderamente sorprendentes, de la delicadeza de una gota de agua o una paja seca. Es su obra de ahora un ejemplo más de su constante indagación sobre el espacio del hombre, hecha  desde un análisis geométrico propio de un tratadista (esto se anuncia en el boceto que abre el catálogo) y perfilada con líneas muy depuradas de claro cromatismo. Todo recuerda, a la vez, los bloques de hormigón de los rompeolas de Ereaga de hace décadas y las figuras geométricas de sus últimas esculturas. 

 Hace un tiempo, el escritor Jacinto Herrero Esteban, ya señaló la preocupación por la arquitectura y la creación de espacios en la obra de Miguel Espí como una suerte de segunda vocación que reclamara su presencia. Desde la década de 1970 ha sido en él  una constante el interés por los edificios, en ocasiones en ruinas, añadiendo con ello una carga melancólica de lo que fueron. Ese interés se hace bien profundo en esta ocasión a través del encuentro con los textos de No Casas, viaje a través de las utopías, del doctor arquitecto e historiador Jesús Gascón Bernal, publicado por la Editorial Intangible. En ellos, Gascón, describe desde un profundo lirismo las estructuras y vidas íntimas de un conjunto de edificaciones oníricas que a buen seguro sólo pueden partir de la mente de quien mucho ha reflexionado sobre su profesión y tiene una relación especial con ella. A modo de microrrelatos, realiza un viaje a través de estas casas ideales y utópicas encabezando cada No casa con una breve introducción que, sin serlo, algo tienen de haiku y que han servido de inspiración a Espí: 

 Una casa, y la propia arquitectura, siempre se 

puede entender como una delicada escenografía 

donde se habita.   

El único paisaje que se integra en la arquitectu- 

ra, es el que respira dentro de ella.

 De los trabajos de ambos nacen cinco obras de amplio formato cuadrado de prácticamente dos metros de lado realizadas con pintura acrílica sobre lona. En ellas, Miguel Espí interpreta libremente las notas escritas por Gascón, con virtuosas improvisaciones incluidas. Así, en “La casa de las puertas” y en “La casa partida”, los minuciosos fondos naturales acomodan composiciones geométricas para, en “La casa de la frontera” y “La casa del acantilado”, pasar a mostrar las estructuras de una forma esquematizada, explosiva en la primera. “La casa transparente” la sitúa Espí en un bosque lluvioso al anochecer: pura sensibilidad. 

Raimundo Moreno

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